QUINTA APROXIMACIÓN – Miramos hacia atrás para seguir adelante - Rocio



A lo largo de los encuentros de Taller de Práctica Docente I tratamos de descifrarnos como comunicadores, pero también de descubrirnos, sobre todo en debate con nuestros compañeros y compañeras, en contextos que marquen nuestras decisiones vocacionales, en ideas que nos ayuden a entender nuestra realidad como futuros profesores de Comunicación Social. Sobre todo, y en especial durante los primeros encuentros,  nos dedicamos a establecer relaciones entre la comunicación y la educación, pensando en los conceptos de “tribus” que propone Tony Becher. Habiendo transitado –o estando en proceso de transitar- dos espacios de formación en donde prima lo social, podemos decir que existen muchas relaciones entre ambas disciplinas y que ambas se retroalimentan.

Si bien el concepto de comunicación en sentido habermasiano abarca todo aquello que está tocado de alguna manera por el lenguaje, y por lo tanto se encuentra con muchas otras disciplinas, particularmente con la docencia adquiere una significación especial por el hecho de intentar lograr esa comunicación con un cierto número de estudiantes, dentro de un aula, que tienen necesidades, gustos, creencias e intereses diferentes, pero que deben aprender los mismos contenidos propuestos por la currícula y, sobre todo desde nuestra fe en la comunicación, deben lograr la capacidad del pensamiento crítico. En este sentido, y personalmente,  creo que los conceptos aprendidos durante el cursado de la Licenciatura en Comunicación Social (ver plan de estudios) me permiten observar la clase desde una perspectiva diferente. Las teorías sociológicas como la hermenéutica, la teoría de Habermas, la noción de habitus de Bourdieu, me hacen pensar que cada persona es lo que vivió a lo largo de su vida, sus experiencias, su contexto, las relaciones sociales que tuvo, la cultura en que se crió. Ya en las revisiones teóricas del Profesorado, la noción de sociología Clínica propuesta por Vincent De Gaulejac e incluso la experiencia y análisis de Mónica Maldonado, me recuerdan a las teorías sociológicas antes nombradas, que son cercanas a la tribu de la comunicación, pero también a la de la educación, teniendo en cuenta la relación docente-estudiante y la construcción de las identidades en donde influyen las experiencias en el aula. Y en este sentido, pensándome a mí misma y en las charlas con mis compañeros y compañeras, creo que ser egresada de una carrera eminentemente social nos da esa necesidad, quizás utopía, de querer transformar el mundo. Sabemos que somos en sociedad, y que una persona lo es también en relación a los demás. Y los autores estudiados en ambas carreras nos dan las herramientas para pensar de otra manera las categorías que están ya internalizadas, naturalizadas, como típicas de los estudiantes de un aula. Nuestra formación en antropología también es muy relevante a la hora de formarnos como profesores porque nos permite pensar que estamos hablando de construcciones. Los aportes de Geertz, Guber e incluso Elsie Rocwell -a quien retomamos en el Taller de Práctica docente- resaltan la importancia de reconocer y desnaturalizar estar categorías que trabajamos a la hora de realizar el registro de clase en la película “Klass”: “los del fondo”, “los revoltosos”, “los buenitos”, fueron definiciones que salían en la puesta en común, y el análisis teórico de estos autores nos demuestran que ellas sólo exacerban el prejuicio, que, como dice Maldonado, es una construcción  simbólica que aparece, se modifica o se desvanece a partir de relaciones sociales concretas y procesos históricos específicos, es decir que su presencia denota otras situaciones contextuales.

Relacionado con la antropología y las teorías de la comunicación, considero que los aportes de autores latinoamericanos estudiados en la Licenciatura, como es el caso de Néstor García Canclini y Anibal Quijano nos permiten entender la diferencia entre las diferentes corrientes pedagógicas y los saberes considerados “legitimados” que, incluso actualmente, tienen tendencia a asociarse a los saberes occidentales o europeos.


En cuanto a los saberes técnicos o específicos de los medios de comunicación, creo que, como explican Carbone y Nigro y Huergo es realmente importante incorporar a las nuevas tecnologías, ya sea como un medio o herramienta de trabajo, o como “fin intrínseco”.  Las nociones de “educación para la comunicación” y de “comunicación para la educación” propuestas por Huergo, son la representación clara de la relación entre estas dos disciplinas, en un mundo que está totalmente atravesado por las tecnologías de la comunicación y que, como dice Maldonado, impacta en el aprendizaje.


Pensando en el uso de los medios  técnicos para la educación,  creo que nuestra experiencia en comunicación no es lo suficientemente fuerte en el aspecto práctico como para poder estar en consonancia con las necesidades o los medios tecnológicos habituales a través de los cuales los estudiantes se desarrollan. Además, considero que otra de nuestras debilidades más fuertes como comunicadores es la duda constante. Necesitamos fortalecer la seguridad en nuestros conceptos para establecernos como guías de un proceso, sabiendo hacia dónde queremos llegar y por qué.

Sin embargo, mi experiencia como comunicadora y docente en la misma institución me dio la capacidad de entender que desde nuestro lugar podemos generar vínculos entre docentes y estudiantes, entre institución y estudiantes, y todos ellos con sus pares. Creo que esta es una capacidad que tenemos los egresados de comunicación y que puede llegar a ser muy útil a la hora de formar parte de un centro educativo.

A partir de lo trabajado creo que es necesario estudiar en profundidad las distintas pedagogías de la educación que predominaron a lo largo del tiempo, para tratar de comprender cuál es el próximo caso. Considero también que tendría que indagar más sobre educomunicación, porque es un concepto que no vimos durante el trayecto de la licenciatura y aparece como novedoso en el profesorado. Como vimos en las películas propuestas por la cátedra, el trabajo en campo no es muy simple. Se nos presentan muchas situaciones diferentes que debemos atender y creo que es muy relevante disponer de las herramientas necesarias para saber cómo actuar en cada caso, aunque haya una cuota de improvisación en el trabajo “artesanal” de ser docente.



Comentarios